La mesa está puesta en el comedor; los grifos distribuyen agua clara, el agua tierna, el agua temperada, el agua perfumada. El lecho es tan grande para dos como para uno. Después del capullo vendrá la hoja y tras la hoja la flor y después la lluvia el buen tiempo. Porque es la hora, los ojos se abren, el cuerpo se yergue, la mano se tiende, el fuego se enciende, la sonrisa disputa a las arrugas de la noche su curva sin malicias. Y son las agujas del reloj a péndulo que se abren, que se enderezan, que se tienden, que se encienden y que marcan la hora de la sonrisa. El rayo de sol da la vuelta a la casa en blusa blanca. Va a seguir nevando. Aún van a caer algunas gotas de sangre hacia las cinco, pero no será nada. ¡Oh! Tuve miedo, de pronto creí que ya no había calle ante la ventana, pero sí allí estaba. Hasta el farmacéutico está por levantar su cortina de hierro. Bien pronto habrá más gente en la rueda que en el molino. EL trabajo se talla, se forja, se sutiliza, se calcula. La mano encuentra con placer en el utensillo familiar, la seguridad del sueño.
¡Con tal que eso dure!
El espejo es un maravilloso testigo que varía sin cesar. Depone con calma, con fuerza, pero cuando ha terminado de hablar, nos damos cuenta de que se ha retractado de todo. Es la personificación corriente de la verdad.
Sobre el camino, rebota obstinadamente anudado a las piernas del que vuelve a partir hoy como volverá a partir mañana, sobre los ligeros yacimientos de la indolencia, mil pasos cada día esposan los pasos de la víspera.
Ya hemos regresado y volveremos a venir sin hacernos rogar. Todos han pasado por ello, yendo de su alegría a su pena. Es un pequeño refugio con un pico de gas inmenso. Ponemos un pie delante de otro y ya hemos partido.
Los muros se cubren de cuadros, las fiestas se tamizan de ramos de flores, el espejo se cubre de barro. Tantos faros sobre un arroyo y el arroyo está en el limo del río. Dos ojos parecidos, como los de tu único rostro, -dos ojos cubiertos de las mismas hormigas. EL verde está casi uniformemente extendido sobre las plantas, el viento sigue a los pájaros. No nos arriesgamos a ver morir las piedras. Lo que se produce no es un animal domado, sino un animal domador. ¡Bah! ¡Es el orden imprescriptible de una ceremonia finalmente tan fastuosa! Es la pistola a repetición que hace aparecer las flores en los vasos, el humo en la boca.
Al amor, a la larga, no le importa ver allí clara, la noche. Cuando ya no estás más allá está tu perfume que me busca. Sólo alcanzo a hacerme devolver el oráculo de tu debilidad. Mi mano en tu mano se parece tan poco a tu mano en mi mano. La desgracia, lo ves, la desgracia misma gana al ser conocida. Yo te recibí compartida, no puedes estar allá, eres la prueba de que yo estoy allá. Y todo está de acuerdo a esta vida que me he fabricado para asegurarme de ti.
-¿En qué piensas?
- En nada.